Isla del tamuré (la danza tradicional), de las fragancias y del pescado crudo, Tahití es el corazón de la Polinesia Francesa. Es a la vez la puerta de entrada del país, con el aeropuerto internacional de Tahití-Faaa, y el centro administrativo que acoge la capital, Papeete. Su puerto, sus jardines, tiendas y sus “roulottes”, puestos de comida ambulantes con un agradable ambiente, su mercado lleno de colorido, su reputada artesanía, su oferta cultural siempre renovada: Papeete es un lugar que no hay que perderse.
De Paea a Papenoo, Tahití cuenta con unos paisajes variados de gran belleza, ofrece numerosas actividades y descubre al viajero unos yacimientos arqueológicos imponentes y sorprendentes. El interior de la isla, con un relieve escarpado, es un verdadero reino vegetal, con cascadas, tubos volcánicos y lugares sagrados. Tanto al amanecer como al atardecer, los rayos del sol iluminan las playas y montañas con una luz fosforescente, donde destacan en la lejanía los picos abruptos de los montes ‘Orohena y Ahora’i. En cuanto al istmo de Tahití, es un mundo aparte al que hay que reservar tiempo para descubrir: de la fantástica excursión de Te Pari a la legendaria ola de Teahupoo, en cada ocasión el visitante queda sin aliento ante tantas maravillas naturales.
La mayor, la más variada, la más animada y la más poblada de las islas polinesias vibra al ritmo de la cultura, de la música y de la danza. Teatro, conciertos y exposiciones: se puede disfrutar de un hechizante espectáculo de danza tahitiana, el ori Tahití, de una exposición de arte contemporáneo sorprendente, una obra de teatro original o un concierto de música moderna o tradicional. Tahití y en particular Papeete, ofrecen la oportunidad de descubrir todas las formas de una expresión artística tan creativa como única.
Tahití también es conocida por su sentido de la hospitalidad y un ambiente deliciosamente relajado en el que el visitante se funde con deleite. En efecto, la bienvenida espontánea, sincera y florida de los tahitianos es difícil de igualar. Aquí, nunca faltan las sonrisas y la gente a menudo está dispuesta a compartir un consejo, un servicio o una anécdota, haciendo que el visitante se sienta de inmediato a gusto con este ritmo de vida insular.
De las playas de arena negra de la costa este a las de arena blanca de la costa oeste, de los lugares de buceo a los desportes de surf más accesibles o más míticos, de los picos montañosos al corazón de los valles inhabitados, de los destacados lugares históricos al mercado lleno de colorido de Papeete, Tahití se descubre y se explora de mil y una formas.