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La teoría ahora generalmente admitida sitúa en el Sureste Asiático el origen de las grandes migraciones que hace tres o cuatro mil años provocaron el poblamiento del Pacífico por las poblaciones austronesias.
Utilizando unas piraguas dobles de vela, construidas en madera y fibras trenzadas, estos primeros navegantes intrépidos, gracias a su conocimientos de los vientos, de las corrientes y de las estrellas, viajaron hacia el este, colonizando las islas del centro del Pacífico (Islas Cook, Tahití y sus islas…) entre el 500 a.C. y el 500 d.C..
Estas grandes expediciones, que terminaron alrededor del 1000 d.C., dieron nacimiento al “triángulo polinesio”, formado por Hawái (al norte) la isla de Pascua (al este), Tahití (al oeste) y Nueva Zelanda (al suroeste). Los diferentes idiomas hablados en estas islas, procedentes del proto-polinesio, demuestran el origen común de sus habitantes.
En el siglo XVI, Magallanes y posteriormente Mendaña arribaron respectivamente al archipiélago de las Tuamotu y a las Marquesas. Sin embargo, el recuerdo del descubrimiento europeo de Tahití sigue vinculado al inglés Samuel Wallis, en 1767. El año siguiente, el francés Louis-Antoine de Bougainville bautizó esta isla como “Nueva Citera”, la isla de los placeres de los mares del Sur. Un año después, el inglés James Cook desembarcó allí a su vez y tomó posesión de las islas de la Sociedad. Tahití y sus islas estaban entonces divididas en varios clanes, circunscripciones y distritos, y la religión polinesia rendía culto a un panteón de múltiples divinidades. Poco a poco, los misioneros protestantes y católicos evangelizaron las islas, mientras que hacia 1797, con la ayuda de los europeos, un gran jefe o ari’i nui logró afirmar su supremacía y estableció una “monarquía” con la “dinastía de los Pōmare”.
En el siglo XIX, Tahití y sus islas fueron el teatro de una rivalidad franco-inglesa, a la vez religiosa, comercial y política. En 1842, el protectorado francés fue finalmente firmado con la “reina” Pomare IV (sobre Tahití y Mo’orea) y en 1880 se produjo la anexión, cuando Pōmare V, último “rey” de Tahití cedió sus territorios a Francia.
Los años sesenta del pasado siglo marcaron un cambio para Tahití y sus islas que rápidamente se encontraron propulsados en la modernidad, con la implantación del CEP (Centro de Experimentación del Pacífico) en 1963: la afluencia de los habitantes de las islas hacia Tahití, el desarrollo de las empresas locales y del sector terciario, el incremento del nivel de vida, el descubrimiento y la confrontación con una sociedad de consumo hasta entonces desconocida.
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La antigua civilización maorí, Mā’ohi, que se extendía por todo el Triángulo Polinesio, ha dejado huellas, vestigios, palabras y tradiciones muy vivas, en especial en las islas Marquesas. Así, los tiki, estatuas de piedra y los me’ae y paepae, recintos religiosos y lugares sagrados formados por piedras alzadas y alineadas o en forma de pirámides, están presentes en todas las islas.
El renacimiento de las artes tradicionales se encuentra en el desarrollo del arte del tatuaje, decoración corporal mítica y posteriormente expresión de un lenguaje codificado de la propia identidad de los individuos y de su estatus social, político y religioso. En la actualidad, sirve de decoración del cuerpo, donde la estética de los motivos prevalece sobre el sentido inicial y original de los mismos.
También se encuentra en la renovación de la danza y de los cantos polifónicos, como el tārava, ‘ūtē o rū’au, que expresan verdaderamente el alma profunda del pueblo polinesio.
Este intenso movimiento cultural se expresa plenamente a través de numerosos eventos festivos, el principal de los cuales es el grandioso festival del Heivā i Tāhiti en julio, donde los grupos de cantantes, bailarines, músicos y actores que reúnen hasta 150 participantes, rivalizan en creación musical, coreográfica y vestimentaria. La poesía también encuentra sus cartas de nobleza en el arte oratorio u ‘ōrero con sus espectaculares arengas, una tradición oral ancestral, a menudo acompañadas del sonido puro del vivo o flauta nasal.