Esta pequeña aunque no menos grandiosa isla está lejos de todo; se accede por mar y, en cada ocasión, se produce la magia. Sus relieves espectaculares, su vegetación primitiva, sus luces cálidas… Fatu Hiva es hechizante. En 1937, Thor Heyerdahl y su mujer, en busca de una vuelta a la naturaleza absoluta, desembarcaron en la isla para vivir como en el comienzo de los tiempos. Hoy, pocas cosas han cambiado… Los habitantes están concentrados alrededor del pueblo de ‘Ōmo’a, donde fabrican el tapa tradicional a base de corteza y por el que son especialmente reputados. Más lejos, Hanavave está protegida en una fabulosa bahía: la bahía de las Vírgenes, probablemente una de las más bellas del mundo, sobre todo cuando la luz crepuscular abrasa los picos rocosos, transformando el paisaje en un decorado sobrenatural e inolvidable.