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Otras islas

Nuku Hiva, la isla mística

En la “gran casa” de los dioses que simboliza el archipiélago de las Marquesas, la mayor de las islas, Nuku Hiva, en el norte, forma el armazón.

Un armazón vertiginoso hecho de picos basálticos y pendientes alucinantes que se combinan con el azul del Pacífico. Un universo especial le abre sus puertas. El punto de partida de la aventura tiene lugar en Taioha'e, capital administrativa del archipiélago, que se abre al fondo de la gran bahía del mismo nombre. La continuación está formada por diversos encuentros: unos paisajes magníficos, un patrimonio arqueológico increíble, unas historias igual de fantásticas y una cultura defendida con orgullo por una población acogedora.

3 buenas razones para elegir Nuku Hiva

El espectáculo de la naturaleza y de la cultura

Las costas recortadas por abruptos acantilados son subrayadas por playas de arena negra y bahías paradisiacas. En los bosques frondosos donde se conservan miles de vestigios y que se descubren como si fueran lugares secretos, caballos, cabras y jabalíes corren libremente.

Aquí la naturaleza se ofrece en estado bruto: el encanto es mayor si cabe, la pasión más inmediata, el recuerdo más imperecedero. Desde el valle de Taipivai a la bahía de Hatihe'u —que hechizó al poeta Stevenson — o de Anahō, pasando por la catarata Hakau'i, la tercera más alta del mundo (300 m de altura), el visitante está invitado al espectáculo de la naturaleza y la cultura. Una cultura que podrá apreciar más si cabe por cuanto los habitantes de las Marquesas son reputados por figurar entre los mejores artistas polinesios: esculturas monumentales o más refinadas, tatuajes elocuentes, joyas sorprendentes… Todo ello muestra el talento de la renovación cultural de las Marquesas.

Tras las huellas de Melville en el valle de Taipivai

Es la historia de un marinero que quería huir del barco en el que ya no aguantaba más. Desembarcó a escondidas en una isla, por entonces casi impenetrable. Vagó sin rumbo y fue acogido durante varias semanas por un clan, los Taipi. Tenía miedo de que lo devoraran, pero no sólo le trataron bien, sino que además descubrió lo que ningún occidental había podido conocer: una sociedad diferente, preservada. Más tarde, al regresar a su hogar en Estados Unidos, extrajo de esta aventura fuera de lo común el material para su primer libro, “Taipi”. Era en 1842. El hombre se llamaba Herman Melville. En la actualidad, en los muelles de Taioha'e, una estela recuerda su memoria. Todavía hoy, partir tras sus huellas y las de la cultura preeuropea de las Marquesas en el valle de Taipivai es una peregrinación mística, ya que este valle alberga cientos de vestigios (tiki, petroglifos…) en un entorno que parece no haber cambiado nunca.

Unas inmersiones fantásticas

No es lo más conocido de Nuku Hiva y, sin embargo, el buceo es de una rara intensidad. El aislamiento geográfico hace que la biodiversidad sea enorme. En pleno océano, se pueden cruzar numerosas rayas manta y leopardo, tiburones de todo tipo y tamaño, carángidos, atunes, delfines y peces espada. Una colonia de varios cientos de penopocéfalos (orcas pigmeo) vive cerca de la costa y es fácil observarlos...

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