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Naturaleza y medio ambiente

Formación de islas y atolones

Comment s'est formé les îles polynésiennes
© Philippe BACCHET

Formación de islas

Las islas polinesias nacieron de una serie de gigantescas erupciones volcánicas submarinas. Están agrupadas en cinco archipiélagos con la misma orientación, del sureste hacia el noreste. Su variedad forma una diversidad de paisajes mundialmente conocidos que dan fama a las islas de la Sociedad, las Tuamotu, las Gambier, las Marquesas y las Australes.

Diseminadas a lo largo de 5,5 millones de km² en pleno Océano Pacífico las 118 islas de la Polinesia Francesa, de las cuales sólo 67 están habitadas, forman un territorio muy fraccionado que sólo suma 3.521 km² de tierras emergidas (Tahití, la mayor, representa por sí sola el tercio de esta superficie). En cambio, las lagunas se extienden en 12.800 km² y suman 12.000 km de arrecifes. Despliegan un universo colorido y fascinante, con cientos de especies de peces, moluscos, crustáceos, erizos y estrellas de mar, holoturias, algas…

Formación de las islas alta

En el origen de todas estas islas hay un punto caliente fijo bajo la corteza terrestre. Regularmente, a intervalos de varios millones de años, se activa, forma un nuevo volcán que agujerea la superficie del océano y se convierte, una vez apagado, en una isla alta. Las islas se alejan en fila india, la más antigua al frente, siguiendo el suelo del Océano Pacífico que deriva hacia el noroeste a razón de 10 cm al año. Entre ellas, los fondos marinos alcanzan la profundidad vertiginosa de 4.000 metros.

Según su edad, las islas altas presentan un relieve montañoso más o menos marcado y están o no rodeadas de una laguna o una barrera de arrecifes:

  • Las islas rodeadas por una laguna y una barrera de arrecifes: además de la riqueza propia representada por la presencia del medio acuático privilegiado que es la laguna, la barrera de arrecifes protege la isla de los ataques del océano.
  • Las islas altas sin laguna: es el caso de las islas Marquesas, de Makatea y de Rurutū. El océano golpea el litoral al que erosiona en forma de acantilado. Unas bahías profundas pueden albergar puertos con fuertes corrientes.

 

Formación de los atolones

Géologie des atolls et motu de Polynésie française
© Lucien PESQUIE - Bleu Lagon Production

A lo largo de milenios, la isla alta volcánica, muy pesada, se hunde lentamente bajo su propio peso y sufre la erosión del viento y de la lluvia, mientras que el arrecife coralino que la rodea crece por la construcción continua de nuevos corales. Así, cuanto más se hunde la isla, más se extiende la laguna. Cuando ya no queda ningún rastro del volcán hundido, la isla sigue existiendo bajo la forma de un atolón, anillo coralino que rodea la laguna, junto con algunos islotes de arena, los motu. Los atolones, último estadio emergido de esta evolución, tienen hasta 10 millones de años y son las islas más antiguas.

Polinesia cuenta con muchísimos atolones (alrededor de 80). Muy variados en sus contornos, con o sin canales (que conectan las aguas de la laguna con las del océano) o un hō ā (canal de poca profundidad), todos tienen un carácter geológico y biológico similar: de forma más o menos circular, presentan un borde externo abrupto, golpeado por las olas del océano, sobre el que se desarrolla la estructura coralina que forma parte del origen del edificio, y albergan en su seno una vida submarina de una riqueza excepcional. Sin olvidar las magníficas playas de arena blanca, a la sombra de los cocoteros, que decoran cada uno de sus motu...

Vista aérea de Tahití - © Raymond SAHUQUET

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